En Karachi, la ciudad más grande de Pakistán y capital de la provincia de Sindh, manifestantes incendiaron un vehículo y un puesto policial cercano al consulado estadounidense. También rompieron ventanas del edificio diplomático antes de ser dispersados.
El alto funcionario policial Irfan Baloch confirmó que los manifestantes lograron acercarse brevemente al perímetro del consulado, pero fueron repelidos por las fuerzas de seguridad.
Autoridades hospitalarias informaron que al menos seis cadáveres fueron trasladados al principal hospital público de la ciudad, aunque el número de fallecidos aumentó posteriormente a 22 conforme avanzó el día.
Más de 120 personas resultaron heridas, algunas en estado crítico.
La violencia también se extendió a la región de Gilgit-Baltistán, donde miles de manifestantes chiítas atacaron oficinas del Grupo de Observadores Militares de la ONU y del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).
El portavoz regional Shabir Mir aseguró que el personal internacional se encuentra a salvo, aunque varias instalaciones resultaron dañadas y algunas dependencias policiales fueron incendiadas.
Al menos dos personas murieron en esa zona durante enfrentamientos con la policía.
La Embajada de Estados Unidos en Pakistán informó que monitorea la situación en sus consulados de Karachi y Lahore, así como posibles protestas en Islamabad y Peshawar.
Las autoridades desplegaron fuerzas adicionales en el Enclave Diplomático de Islamabad, donde se lanzaron gases lacrimógenos para dispersar a manifestantes que intentaban acercarse a la embajada.
En Peshawar y Lahore también se registraron choques entre manifestantes y fuerzas de seguridad.
El ministro del Interior, Mohsin Naqvi, hizo un llamado público a la calma.
Señaló que el asesinato del ayatollah Jamenei es motivo de dolor para muchos ciudadanos, pero pidió que las protestas se realicen de manera pacífica y sin recurrir a la violencia.
El gobierno provincial de Sindh también exhortó a la población a no tomar la ley en sus manos.
Los chiítas representan aproximadamente el 15% de la población paquistaní, estimada en 250 millones de habitantes, y constituyen una de las comunidades chiítas más grandes del mundo.
Si bien en el pasado han organizado manifestaciones contra Estados Unidos e Israel, enfrentamientos de esta magnitud son poco frecuentes.
La tensión regional se mantiene alta mientras continúan las repercusiones diplomáticas y sociales tras los ataques en Irán.