La crisis energética en Cuba ha provocado un fuerte desplome en su industria turística, uno de los principales motores económicos del país, en medio de apagones prolongados y escasez de combustible que afectan tanto a habitantes como a visitantes.
En localidades como la Ciénaga de Zapata, el panorama ha cambiado drásticamente. En Pálpite, una comunidad dentro de esta región, los cortes de electricidad pueden durar hasta 22 horas al día, obligando a los residentes a buscar señal eléctrica para cubrir necesidades básicas, en lugar de atender a turistas como ocurría anteriormente.
La situación ha impactado directamente en la experiencia de los visitantes y en la operación de negocios locales. Manuela Arencibia Báez, dueña de una casa de alquiler en Playa Larga, cuestiona el futuro del sector ante las condiciones actuales: la falta de electricidad y combustible complica traslados, servicios y actividades turísticas.
De acuerdo con datos oficiales, la llegada de turistas internacionales se desplomó un 56% en febrero respecto al mismo periodo del año anterior, reflejando no solo los efectos inmediatos de la crisis energética, sino también un deterioro más amplio en la infraestructura turística del país.
El problema se agrava por la escasez de combustible, que ha limitado la movilidad dentro de la isla. Incluso visitantes que ya se encontraban en Cuba han tenido que cancelar o modificar sus planes ante la imposibilidad de trasladarse entre destinos.
El contexto también está influido por factores externos, incluyendo tensiones económicas vinculadas a políticas de la administración de Donald Trump, lo que ha contribuido a agravar las condiciones energéticas y económicas en la isla.
El desplome del turismo representa un reto significativo para Cuba, que depende en gran medida de esta actividad para la generación de ingresos y empleo, en un escenario donde la recuperación luce incierta mientras persistan los problemas estructurales en energía y suministro.