El presidente de la FIFA, Gianni Infantino, ha puesto sobre la mesa uno de los proyectos financieros más ambiciosos y controvertidos en la historia del deporte: la privatización parcial de la Copa del Mundo y de sus torneos más importantes. La estrategia se centra en la creación de una nueva filial corporativa denominada FIFA Forward Enterprise (FFE). Esta entidad, controlada por la propia organización, tendría como objetivo principal consolidar las operaciones comerciales y de eventos del organismo, abriendo por primera vez la puerta al capital de inversores privados para financiar las competencias globales.
El núcleo de esta agresiva reestructuración radica en una expansión económica sin precedentes. De acuerdo con el planteamiento oficial de la FIFA, la meta de FFE es superar los 10 mil millones de dólares en fondos destinados al desarrollo del balompié a nivel internacional. Para lograr la aprobación necesaria de sus 211 asociaciones miembro, el organismo ha diseñado un esquema de compensación sumamente lucrativo: cada federación nacional recibiría un total de 40 millones de dólares si dan luz verde a la iniciativa.
Esta bolsa económica se distribuiría en dos rubros principales: 20 millones de dólares se entregarían de manera inmediata como financiamiento excepcional para proyectos especiales bajo un nuevo esquema bautizado como "FIFA Fast-Forward". Los otros 20 millones conformarían los fondos garantizados del programa habitual Forward para el ciclo mundialista 2027-2030, lo que representa un aumento abismal en comparación con los 8 millones de dólares que cada país tiene presupuestados en la actualidad.
Sin embargo, el histórico incentivo financiero viene acompañado de una fuerte medida de presión. Según reveló el diario británico The Times, Infantino ha otorgado un plazo de apenas 53 días a las naciones que componen la asociación para aceptar la oferta. Aquellas federaciones que decidan rechazar el nuevo modelo corporativo se enfrentarían a una severa sanción económica, ya que la FIFA les recortaría hasta un 75 por ciento de los fondos regulares que perciben actualmente. Esta táctica revive las sombras del proyecto fallido de 2018, cuando Infantino intentó comercializar torneos por 25 mil millones de dólares junto al fondo japonés SoftBank y capital de Oriente Medio.
Aunque el proyecto promete un desarrollo económico sin igual, ha levantado fuertes suspicacias por los estrechos vínculos políticos entre Infantino y el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, detonando el rechazo de las confederaciones. La UEFA advirtió tajantemente que la FIFA "no es dueña del futbol" y carece de facultades para venderlo; mientras que Concacaf, la Confederación Asiática (AFC) y federaciones europeas reclamaron haberse enterado de los planes a través de la prensa, exigiendo transparencia y gobernanza ante una maniobra financiera que, en palabras del expresidente Joseph Blatter, amenaza con dañar profundamente la estructura tradicional del deporte.