El número en su jersey durante el show de medio tiempo era el año de nacimiento de su difunto tío "Cutito", un fanático de los 49ers que le enseñó sobre la NFL. El apellido "Ocasio" en la espalda completó el homenaje personal.
Cada detalle del histórico espectáculo de medio tiempo del Super Bowl LX de Bad Bunny estuvo cargado de significado cultural y, como reveló ahora, también de un profundo homenaje familiar. El artista explicó que el número 64 en su camiseta de fútbol americano y el apellido "Ocasio"bordado en la espalda fueron un tributo a su difunto tío, "Cutito", hermano de su madre, quien falleció hace dos años y fue quien le inculcó el amor por el fútbol americano.
En un comunicado a Rolling Stone, Benito Antonio Martínez Ocasio compartió la emotiva historia detrás del atuendo que usó en el Levi's Stadium de Santa Clara.
“Siempre soñé con llevar a mi tío al Super Bowl, pero no pude. Se fue inesperadamente... Así que, para mi espectáculo de medio tiempo del Super Bowl, decidí llevarlo en mi camiseta: OCASIO, su apellido, el mismo que el de mi madre, y su año de nacimiento, 1964.”
— Bad Bunny.
El tío Cutito se había mudado a Estados Unidos desde Puerto Rico, pero visitaba a la familia durante la postemporada de la NFL y veía los partidos con su sobrino. Era, además, fanático de los San Francisco 49ers, el equipo local del estadio donde se celebró el Super Bowl. Murió en 2024, el año en que los 49ers perdieron el campeonato ante Kansas City.
El gesto personal se integró perfectamente en la narrativa más amplia del show, que fue una celebración orgullosa e intencional de la cultura puertorriqueña y latina. Mientras en el escenario se representaban escenas de la vida cotidiana como trabajadores agrícolas, vendedores ambulantes, bailes de salsa y personas jugando dominó, Bad Bunny llevaba consigo un símbolo íntimo de su historia familiar y de las raíces que lo formaron.
El artista reveló que le dedicó el espectáculo completo a su tío antes de comenzar, convencido de que él lo vio y estaba orgulloso. Este detalle añade una capa de profunda emotividad a una presentación que ya era poderosa por su mensaje de unidad y representación.
Más allá de las luces y el espectáculo masivo, esta revelación humaniza aún más a Bad Bunny, recordando a millones de espectadores que detrás de la superestrella global hay un hombre que honra a su familia, su herencia y los sueños compartidos, transformando el escenario más grande del mundo en un altar personal y colectivo.