La interpretación del Himno Nacional de Estados Unidos a cargo de Charlie Puth en el Super Bowl LX estuvo cargada de simbolismo y emoción, al tratarse de un homenaje directo a Whitney Houston, una de las voces más icónicas en la historia del evento.
Tras su presentación, el cantante y compositor reveló que el arreglo musical fue diseñado de manera muy específica para honrar el legado de Houston, cuya interpretación en el Super Bowl XXV es considerada una de las más memorables de todos los tiempos. Puth explicó que cada cambio de tono y cada transición fueron pensados con la intención de respetar ese referente histórico.
El artista estuvo acompañado por el Oakland Interfaith Gospel Choir y la Color of Noize Orchestra, agrupaciones a las que agradeció públicamente por sumar fuerza vocal y musical a una versión que apostó por una atmósfera solemne y respetuosa, sin perder identidad propia.
La participación del coro gospel aportó un componente espiritual y emotivo, mientras que la orquesta reforzó la estructura clásica del arreglo, logrando una interpretación que conectó con el público presente en el estadio y con los millones de espectadores que siguieron la transmisión.
La actuación de Charlie Puth fue una de las más comentadas de la ceremonia previa al partido, no solo por su calidad vocal, sino por el gesto de reconocer la influencia de Whitney Houston en uno de los escenarios más importantes de la música y el deporte a nivel mundial.