Este lunes 27 de julio de 2026, tras la conclusión de la Copa del Mundo en Estados Unidos, México y Canadá, el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, rompió el silencio y lanzó una contundente contraofensiva frente a los detractores de la competencia. Mediante una misiva abierta, el dirigente de 56 años respondió a los señalamientos que circularon en redes sociales durante el certamen, acusando a los críticos de propagar rumores falsos y afirmando que el resentimiento les impidió disfrutar de un espectáculo histórico que culminó con la consagración de la selección de España.
Frente a los cuestionamientos por las trabas burocráticas y de visados que enfrentaron delegaciones como Irán, Haití y la República Democrática del Congo —esta última bajo un complejo panorama por alertas sanitarias de ébola—, Infantino restó gravedad a las complicaciones. El jerarca del balompié mundial sostuvo que casos puntuales como la negativa de ingreso al árbitro somalí Omar Abdulkadir Artan fueron hechos aislados. Para respaldar la efectividad de la organización, subrayó el tránsito sin contratiempos de la selección iraní en suelo estadounidense, el desplazamiento de más de siete millones de aficionados a lo largo de las 16 sedes oficiales y un balance de seguridad con saldo blanco.
El punto más álgido de su mensaje abordó la controversia en torno a la selección anfitriona y la intervención directa de la Casa Blanca. Luego de que Donald Trump intercediera ante el organismo por la tarjeta roja directa recibida por el delantero estadounidense Folarin Balogun en el partido ante Bosnia y Herzegovina, la comisión disciplinaria congeló la suspensión automática del atacante invocando el artículo 27 de su reglamento interno. Esta medida, que le permitió jugar los octavos de final contra Bélgica bajo un periodo de prueba de un año, desató un profundo malestar entre entrenadores y federaciones europeas.
Ante la ola de indignación por presunta interferencia política y favoritismo, Infantino defendió la determinación argumentando que las decisiones arbitrales discutibles y las sanciones disciplinarias atípicas forman parte de la dinámica habitual del futbol en las ligas más importantes del mundo. Con tono irónico, el mandatario concluyó que resulta contradictorio que las voces más críticas provengan justamente de los países donde este tipo de criterios flexibles son aceptados de manera cotidiana.