El evento de contraprogramación, presentado por Kid Rock, Brantley Gilbert, Lee Brice y Gabby Barrett, fue visto por más de 6 millones de espectadores simultáneos en vivo. La cifra contrasta con las más de 24 millones de vistas del show oficial de Bad Bunny.
Mientras Bad Bunny protagonizaba el espectáculo oficial de medio tiempo del Super Bowl LX, el grupo conservador Turning Point USA presentaba su alternativa: el "All-American Halftime Show". El evento, transmitido en vivo exclusivamente por YouTube este domingo 8 de febrero, ha acumulado más de 19 millones de visualizaciones en menos de 24 horas, según datos disponibles al cierre de esta edición.
La cifra, aunque considerable, se sitúa por debajo de las más de 24 millones de vistas que ya registraba el video del show de Bad Bunny en la misma plataforma para el mismo período. Sin embargo, el alcance en vivo fue masivo:
Según The New York Times, alrededor de 6.1 millones de espectadores simultáneos sintonizaron en vivo el "All-American Halftime Show" mientras se transmitía.
El cartel del evento alternativo estuvo integrado por Kid Rock, Brantley Gilbert, Lee Brice y Gabby Barrett, artistas alineados con el country y el rock de raíces estadounidenses, en claro contraste con el pop urbano y latino de Bad Bunny.
La organización del show por parte de Turning Point USA fue una respuesta directa y declarada a la elección de la NFL de un artista hispanohablante como cabeza de cartel. La decisión había generado críticas de sectores conservadores, incluido el presidente Donald Trump, quienes la calificaron de "antiamericana".
Bad Bunny, quien es ciudadano estadounidense por su natal Puerto Rico, utilizó su plataforma en el Levi's Stadium para enviar un mensaje de unidad: "juntos, somos estadounidenses", que escribió en un balón de fútbol americano. Su espectáculo contó con cameos de Lady Gaga y Ricky Martin, y la presencia en el escenario de estrellas como Pedro Pascal, Karol G, Jessica Alba y Cardi B.
El show alternativo se promocionó como una celebración de valores "toda en inglés" y centrada en la "fe, familia y libertad", según la retórica del grupo.
Este fenómeno de contraprogramación demuestra cómo el Super Bowl, más allá de ser un evento deportivo, se ha convertido en un campo de batalla cultural y político donde distintas visiones de Estados Unidos compiten por la atención y la validación del público, utilizando el entretenimiento como vehículo.