La tormenta política desatada por el exconsejero jurídico de la administración pasada, Julio Scherer Ibarra, no llegará a los tribunales por iniciativa del Ejecutivo. Este martes 17 de febrero, la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo cerró la puerta a cualquier indagatoria oficial contra el exfuncionario, a pesar de las graves acusaciones de desvíos millonarios y manipulación política que este detalla en su reciente libro.
Ante la pregunta directa sobre si la Fiscalía General de la República (FGR) debería investigar los hechos narrados por Scherer, la mandataria fue tajante:
Sin interés judicial: "No, no, no veo ninguna necesidad", respondió de forma escueta, evitando comentar los puntos específicos del texto que mencionan vínculos del gobierno con grupos delictivos.
Ignora el contenido: Sheinbaum reiteró que no tiene intención de leer el libro y que su conocimiento del tema se limita a lo que ha visto en los medios de comunicación.
Para eludir el tema de Scherer e Ibarra, la presidenta recurrió nuevamente a la comparación con el sexenio de Felipe Calderón, utilizando el caso del exsecretario de Seguridad como contraargumento:
“¿Por qué no siguen investigando a García Luna? ¿Por qué no hablan de García Luna? Se enojan cuando hablamos de Calderón”, lanzó Sheinbaum ante la prensa.
Según la mandataria, el único caso probado de nexos entre el gobierno y el narcotráfico es el de García Luna, y aseguró que, si bien hay "cero impunidad", no se actuará basándose en publicaciones literarias que ella considera carentes de sustento.
Entre la lealtad y la fiscalización
La negativa de investigar a Scherer ocurre apenas un día después de que el senador Gerardo Fernández Noroña calificara al exconsejero de "desleal" y afirmara que debería estar en la cárcel. Sin embargo, desde la cúpula del poder, la instrucción parece ser ignorar el libro para evitar que las grietas internas del movimiento sigan creciendo, manteniendo el discurso de que la corrupción es un mal "ya erradicado" o exclusivo de administraciones pasadas.