¿Quiénes son los monjes de la paz? La historia detrás de la caminata que conmueve a Estados Unidos
Partieron de Texas con una meta clara: llegar a Washington D.C. a pie para sanar el espíritu de una nación. Viven con una sola comida al día, duermen bajo los árboles y su único compañero es un perro con un corazón en la frente.
Si has navegado por redes sociales en los últimos días, es muy probable que te hayas topado con videos de un pequeño grupo de hombres con túnicas azafrán caminando por las orillas de las carreteras. No llevan pancartas de protesta ni piden dinero; son los protagonistas de la Caminata por la Paz, una peregrinación de más de 3,700 kilómetros que hoy, 20 de enero de 2026, atraviesa el estado de Carolina del Norte.
Aquí te explicamos quiénes son y por qué su travesía se ha vuelto viral:
Un sacrificio por la unidad
Liderados por el maestro espiritual Bhikkhu Pannakara, este grupo de monjes budistas inició su viaje el pasado 26 de octubre en Fort Worth, Texas. Su filosofía es simple pero poderosa: la paz no es algo que se pide al gobierno, es algo que se cultiva en el interior.
Para demostrarlo, siguen un código de disciplina asombroso:
Ayuno intermitente extremo: Solo realizan una comida al día.
Humildad total: Rechazan lujos y prefieren dormir a la intemperie o bajo árboles para conectar con la naturaleza.
Resistencia física: Caminan un promedio de 30 a 40 kilómetros diarios, sin importar el frío o la lluvia.
Aloka: El alma del grupo
No caminan solos. Los acompaña Aloka, un perro rescatado que se ha vuelto una celebridad porque tiene una mancha natural en forma de corazón en la frente. A pesar de que Aloka tuvo que ser operado de una pata hace un par de semanas, ya se ha reintegrado al grupo para los últimos kilómetros de la travesía, moviendo la cola y animando a los monjes en los momentos de cansancio.
El tramo final: Rumbo a la capital
Después de cruzar estados como Luisiana, Misisipi, Alabama y Georgia, los monjes se encuentran actualmente en la zona del Piedmont Triad, en Carolina del Norte. Su destino final es el Monumento a Lincoln en Washington D.C., donde esperan llegar el próximo 11 de febrero.
"No caminamos para protestar, caminamos para despertar la paz que ya vive dentro de cada uno de nosotros", asegura Pannakara. En un mundo lleno de tensiones políticas y conflictos, el paso lento y silencioso de estos monjes se ha convertido en un bálsamo de calma para miles de personas que salen a las orillas de las carreteras solo para verlos pasar o regalarles una botella de agua.