La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, reiteró este martes 4 de febrero que el país está dispuesto a facilitar el diálogo para resolver el histórico conflicto bilateral, pero subrayó que la iniciativa y las condiciones deben surgir de las naciones involucradas.
Durante su conferencia matutina, la mandataria fue consultada específicamente sobre un posible rol mediador de México, ante lo cual ofreció una respuesta clara que equilibra la disposición diplomática con el respeto a la soberanía ajena.
Sheinbaum dejó en claro que la postura de México responde a una tradición histórica de política exterior, no a una iniciativa personal.
“México siempre ha puesto la mesa para poder atender cualquier conflicto en muchos momentos de su historia y este no es la excepción, pero no es un asunto personal”
— Claudia Sheinbaum, Presidenta de México.
La presidenta detalló que esta disposición ya ha sido comunicada a las partes involucradas, incluso de manera privada, pero que el proceso depende de que se den las condiciones adecuadas.
Disposición histórica: Sheinbaum recordó la tradición diplomática de México de ofrecerse como facilitador para la solución pacífica de controversias internacionales.
Condición fundamental: Cualquier mediación requiere que Estados Unidos y Cuba así lo decidan de manera soberana e independiente. "Tienen que venir de ellos, no de nosotros", afirmó.
Diálogo privado y público: La administración actual ya ha expresado su intención de apoyar un diálogo tanto en canales reservados como de forma pública.
Marco de principios: La oferta se enmarca en la defensa de la soberanía de los pueblos y la búsqueda de soluciones pacíficas, pilares de la política exterior mexicana.
[Imagen de: Presidente Claudia Sheinbaum en el podio durante su conferencia de prensa matutina, con el escudo nacional de fondo. Alternativamente, un gráfico con las banderas de México, Estados Unidos y Cuba, y un ícono de diálogo o puente en el centro.]
Con estas declaraciones, Sheinbaum posiciona a México como un actor disponible y con credenciales históricas para un posible —aún hipotético— proceso de acercamiento entre Washington y La Habana. Sin embargo, deja la pelota en la cancha de los dos países directamente en conflicto, subordinando cualquier acción concreta a una solicitud expresa de ambas partes.
La posibilidad de que México retome un rol activo de mediación en este conflicto bilateral revive un capítulo tradicional de su diplomacia, aunque su materialización parece depender de un cambio en la voluntad política de Estados Unidos y Cuba.