La presidenta afirmó que se ha alejado de varias personas desde que asumió el cargo, incluyendo al hijo del periodista Julio Scherer García. Sheinbaum también negó influencias de sus familiares o cercanos en contratos gubernamentales y aseguró que sus hijos tienen instrucción de no recibir propuestas de este tipo.
Este martes, la presidenta Claudia Sheinbaum fue cuestionada por la prensa sobre su relación con Julio Scherer Ibarra, hijo del reconocido periodista Julio Scherer García, quien hace unos meses publicó un libro en el que reveló un presunto desvío de 27 mil millones de pesos del erario por parte de Jesús Ramírez Cuevas (excoordinador de Comunicación Social de la Presidencia durante el gobierno de López Obrador).
La mandataria fue clara: no tiene cercanía con Scherer Ibarra y, de hecho, se ha alejado de muchas personas desde que asumió la presidencia.
“Hay muchas personas, muchas, que ya no veo, porque uno en este puesto pues tiene uno pocos amigos, vamos a decirlo así”.
— Claudia Sheinbaum, presidenta de México
Sheinbaum admitió que en el pasado sí era cercana a Scherer Ibarra, pero que esa relación se enfrió tras su llegada al poder. Además, negó categóricamente que sus familiares o personas cercanas tengan influencia para obtener contratos con el gobierno:
Instrucción a su familia: “Afortunadamente, mis hijos se dedican a otras cosas, mi madre tiene una carrera académica y mis familiares no participan de ninguna manera en acciones de este tipo, pero si llegara a ocurrir, tienen instrucción de no recibirlos”.
Cercanías limitadas: Entre las pocas personas con las que mantiene contacto cercano están sus amigos de la primaria, con quienes tiene un grupo en redes sociales.
“Tengo muy claro que mi principal tarea, además de ser madre de mis dos hijos y abuela, es la presidencia de la República y el movimiento que representamos, y que la coherencia, la consistencia y la honestidad deben probarse en todo momento”.
A pesar de la distancia con el hijo, la presidenta hizo un reconocimiento a Julio Scherer García, el legendario periodista mexicano fundador de la revista Proceso, a quien conoció personalmente:
“Un personaje extraordinario, no solamente un gran periodista, sino un defensor de la libertad de expresión”.
Sheinbaum también descartó presentar una demanda por las acusaciones vertidas en el libro de Scherer Ibarra, a pesar de que Jesús Ramírez Cuevas —el señalado en la publicación— ya emprendió un proceso legal en su contra.
La presidenta prefirió no involucrarse en la controversia legal y mantener su postura de que el Poder Judicial es el encargado de resolver este tipo de disputas.
Las declaraciones de Sheinbaum reflejan una realidad común entre los jefes de Estado: el aislamiento que impone el poder. Al afirmar que “en este puesto uno tiene pocos amigos”, la presidenta busca desmarcarse de cualquier sospecha de influyentismo o tráfico de influencias, pero también reconoce el costo personal del cargo. La negativa a demandar a Scherer Ibarra —a diferencia de su excolaborador Ramírez Cuevas— sugiere que Sheinbaum prefiere no dar batalla en los tribunales y concentrarse en la agenda de gobierno, aunque el fantasma de las acusaciones de corrupción pueda seguir rondando.