El último ocurrió la noche del sábado en Washington, donde un hombre fue detenido tras disparar cerca del lugar donde el presidente asistía a la cena de corresponsales. Trump resultó ileso. En la historia del país, cuatro presidentes en ejercicio han sido asesinados y ha habido intentos de magnicidio contra uno de cada cuatro mandatarios desde 1865.
Un hombre disparó esta pasada noche fuera de la sala donde el presidente Donald Trump asistía a la cena de corresponsales de la Casa Blanca en Washington. El individuo, Cole Allen, un californiano de 31 años, fue interceptado y detenido por el Servicio Secreto. Trump resultó ileso.
Este es el tercer atentado contra Trump en los últimos dos años, una cifra sin precedentes en la historia moderna del país.
13 de julio de 2024 (Butler, Pensilvania): Sufrió un atentado mientras pronunciaba un discurso en un mitin de su candidatura. Sufrió una herida por bala en su oreja derecha; un ciudadano perdió la vida y otro resultó herido. El autor, Thomas Matthew Crooks (20 años), fue abatido.
15 de septiembre de 2024 (West Palm Beach, Florida): Sobrevivió a otro intento mientras jugaba al golf. El Servicio Secreto detectó a un hombre armado con un rifle apostado entre la maleza. El sospechoso, Ryan Routh (58 años), huyó antes de abrir fuego y fue detenido posteriormente.
12 de octubre de 2024 (Coachella, California): Un hombre armado, Vem Miller (49 años), fue detenido en el control de seguridad de un mitin de Trump. Fue puesto en libertad el mismo día bajo fianza y negó cualquier intención de matar al expresidente.
Los recientes episodios contra Trump no son una anomalía en la historia del país. Cuatro presidentes en ejercicio han sido asesinados:
Presidente | Año | Lugar |
Abraham Lincoln | 1865 | Teatro Ford, Washington |
James A. Garfield | 1881 | Estación de ferrocarril, Washington |
William McKinley | 1901 | Búfalo, Nueva York |
John F. Kennedy | 1963 | Dallas, Texas |
Según los Archivos Nacionales de Estados Unidos, uno de cada nueve presidentes ha perdido la vida a manos de un agresor.
La violencia política no se ha limitado a los asesinatos consumados. Los Archivos Nacionales recogen que se han producido intentos de magnicidio contra uno de cada cuatro presidentes desde 1865:
Theodore Roosevelt (1912): Sobrevivió a un disparo en el pecho mientras pronunciaba un discurso en Milwaukee; el folio doblado del texto que llevaba consigo amortiguó el proyectil.
Ronald Reagan (1981): Fue gravemente herido cuando John Hinckley Jr. le disparó a la salida de un hotel en Washington.
Harry Truman (1950): Dos nacionalistas puertorriqueños irrumpieron en Blair House; un agente del Servicio Secreto murió en el tiroteo.
Gerald Ford (1975): Padeció dos intentonas en un mismo mes.
Bill Clinton (1994): Un hombre descargó 29 proyectiles contra la verja norte de la Casa Blanca.
La proliferación de armas, la polarización política y la visibilidad mediática de los líderes convierten a Estados Unidos en un caso singular de riesgo para sus dirigentes entre las democracias occidentales.
Fue precisamente el asesinato de McKinley el que impulsó la creación de un sistema de protección presidencial permanente y sistemático, germen del actual Servicio Secreto.
A pesar de la sofisticación del Servicio Secreto y de los avances en seguridad, Trump ha sufrido tres atentados en dos años. Esta cifra refleja no solo la polarización extrema de la sociedad estadounidense, sino también la facilidad de acceso a armas de fuego. La pregunta que queda abierta es si el sistema de protección presidencial necesita una reforma profunda o si la violencia política se ha convertido en un riesgo aceptado en la democracia estadounidense.